Nos vinimos a vivir a un pueblo porque en él puedes centrarte mejor en el trabajo y disponer de más espacio. Los dos
nos dedicamos a la creación y trabajamos en grandes formatos. Juan es pintor.
La casa es determinante en mi trabajo, es generadora al tener muchos lugares que ocupar.Es atractiva. Según la habitas
va creciendo, se va convirtiendo en un hervidero de creación, en una obra en sí misma.
Hace mucho tiempo que no hacemos grandes viajes (puedes recorrer largas distancias o conocer intensamente lo más
cercano, al final, si lo comparas, el resultado es el mismo) salvo los que transitan por el interior de la casa. Puede que sea
buena para abandonarla por temporadas, no vaya a ser que me termine atrapando.
Si viviera en África probablemente pintaría jirafas o tendría buena relación con las cebras a las que seguiría en sus desplazamientos.
Aquí el animal más cercano, accesible y coloquial es el perro. El gato no te acompaña a pasear ni te deja
adivinar qué es lo que está pensando. Los gatos suelen estar recogidos en una bola y son muy rápidos en sus movimientos,
en definitiva: son difíciles de representar. En cambio en los perros hay gran variedad de razas, muchos tienen gran porte y
son más comunicativos. Bastante más que una vaca.
Plásticamente me interesa mucho introducirlos como contrapunto de las personas, en su altura y en la horizontalidad frente
a la verticalidad de los humanos.El contraste biológico y la interacción emocional.
Acompañan a muchas de las figuras como un amigo más.
Una vez de niña llegué a casa llorando, quería que nos quedáramos con un perro que encontré abandonado.
Las esculturas suelen ir acompañadas de perros porque yo de mayor quiero seguir siendo niña
Empecé a hacer escultura cuando vivíamos en Dicastillo ya que la casa grande me permitía acumular cosas y porque la
dueña de la casa me iba dejando usar nuevos espacios (las bajeras, los corrales, el patio, la bodega…)
Una vez que empecé con la escultura esta actividad se incorporó a mi manera de hacer como otra más y debido a esa tendencia
humana a convertir en hábito las cosas que vas realizando, se fue tornando en mi quehacer natural.
Muchas veces quiero volver a la pintura pero me siento atrapada por los objetos y materiales, a pesar de que cuantas más
cosas acumulo menos fuerzas me quedan.
La pintora que soy a menudo no se habla con la escultora que llevo dentro (es una lucha de energías). Aunque por otro
lado hay una simbiosis entre ambas disciplinas