De una lágrima como objeto, si es que podemos decir que es un objeto, diremos que lo es liviano, efímero, brillante, orgánico, transparente, delicado y volátil. Se me ocurre decir que es la materialización, la cosificación que el ser humano hace de un sentimiento. Un poco pedante.

El plomo por contra es pesado e industrial. Denso y apagado y opaco y triste. Materia en estado duro, duro aunque maleable, frío, aunque no tanto como el frío acero, y no exento de una cierta carga simbólica en esto del mundo del arte, como nos hizo notar Beuys, usándolo a destajo junto con fieltros y cobres, ceras, mieles y sombreros de ala no muy ancha.

La imagen que nos hacemos en nuestra imaginación del objeto “lágrima de plomo”(imagen virtual, que tanto se dice ahora) se nos antoja alianza un tanto forzada, la unión de dos opuestos. Pues todo aquello esencial en la lágrima tropieza con el plomizo (en sentido adjetival: pelma, machacón, pesado, romancero, molesto, aburrido, tedioso, cargante, inoportuno) material. Una pieza concebida en sueños por algún renebretón en fase REM, materializada por un brossa fundidor entretenido en juegos y poemas visuales, fotografiada por un madoz en papel gelatino-bromuro virado al sulfuro en 47 x 47cm. Lo típico. 

De esta exposición lo tenía más o menos todo claro, excepto el título. La prisa es a veces la mejor de las consejeras para forzar la máquina: el Ayuntamiento quería una reunión, había que hablar del proyecto, había que llevar un dossier, había poco tiempo, Ángel Arbe me pidió un título, Miguel, dime como llamas a la expos. Lágrima de plomo surgió de pronto; cómo definir esos objetos preciosos y raros que los artistas hacen, esas extrañas perlas inconexas, creativas que no vemos porque nunca nos las enseñan, porque las esconden en sus talleres, porque les da miedo o pudor, se alejan de su “trayectoria creativa”, porque el público no va a entender, aunque hablen más de
ellos que algunas de sus piezas más reconocibles.

 

Internet es fascinante.

Pase lo que pase por tu cabeza, sea lo que sea, algo muy parecido ha pasado ya por la mente de varias decenas de cientos de individuos con gran cantidad de ilusión, vocación desinteresada y tiempo libre, tiempo que han dedicado a crear una web, o decenas o cientos de ellas, del tema que a ti te incumbe. Lo hago a menudo, pensar en cosas inconexas y enlazarlas en “gugel”, a ver que sale. Voy a tener suerte, ese simpático botón.

Google. Tecleo: Lágrima + Plomo.
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Primera entrada: plomo lágrima 100 gramos – Foros Pesca Mediterráneo 2. 
No he ido a pescar en mi vida. Como para caer en la cuenta. Una lágrima de plomo es una de esas plomadas tan típicas, tan preciosas. Tiene esa forma delicada, agradable y apetitosa (para las presas lo es). Una de esas “lágrimas de plomo”, una plomada de pescador, lleva conmigo (sin yo saber que se llamaba así) varios años, puede que diez. La encontré en el espigón de una playa, una plomada olvidada o perdida por un pescador, en Cambrils. Era un objeto atractivo que fue él sólo a mi mano, mi tesssssoro, y de mi mano a mi bolsillo, y sin saber mi cabeza lo que mis manos hacían, a la maleta de vuelta y de ahí a un cajón de casa, un cajón en el que guardo cosas curiosas que no sirven para nada pero que, no sé por qué, no tiro: una pelota de beisbol (sé de beisbol tanto como
de pesca), un bote de pólvora (auténtico, vacío, espero) de la segunda guerra mundial. Una bombilla con la palabra LOVE escrita con el filamento. Una lámpara de cera, de éstas que suben y bajan. Objetos que se plantan en nuestra vida y no te decides a tirarlos, y ocupan cajones, pero cómo los vas a tirar, cosificaciones kitsch de la vida cotidiana.

Cuando he visto en google “Plomo Lagrima con Emerillón FOTOLUMINISCENTE 80 Gr. 1,95 €.” he estado a punto de comprarlo, sin saber muy bien de qué carajo me están hablando. Tiene un nombre atractivo, a la fuerza ha de ser un objeto decepcionante.