El pintor Juliantxo Irujo vuelve a la Ciudadela con su exposición “Fluir con la naturaleza”, 43 obras en formato rectangular y circular con las que el artista quiere sugerir sus propias sensaciones y emociones.

El artista, que nació en Pamplona en 1960, ha presentado hoy en una rueda de prensa su exposición en la propia sala y ha afirmado: “yo no pinto para expresar lo que pienso, sino para encontrar lo que siento”.

Por ello, se ha definido a sí mismo como “un investigador de la materia pictórica”, ya que en esa “combinación de lo impreciso logra mezclar pinturas magras y aquellas que se diluyen en agua o en aguarrás.

Sus obras son abstractas con cierto toque experimental, debido a esa combinación de materiales, pero que se vinculan con “una noción de paisaje”, con el que “te puedes inmiscuir ya que está en continuo movimiento”, ha relatado.

Las estructuras de las obras son dinámicas, unas veces en horizontal y otras en espiral, como si fueran fuerzas centrífugas que se encuentran y se enfrentan siempre con el sentido dinámico que el artista quiere reflejar, ha continuado.

“Mandobide” o “Basatxi” son los títulos de dos de sus obras, topónimos de senderos que ha recorrido, ya que, ha explicado, hacen referencia a la idea de recorrido y sendero.

“Me quedo con aquellos efectos que me afectan o incluso que me plantean problemas emotivos, que están en el límite entre lo repulsivo y atractivo”, ha indicado, por ello combina procedimientos tradicionales con otros como la infografía.

Profesor y catedrático en la Universidad del País Vasco, Irujo se ha referido a su obra “Posdata, autorretratos indignados”, una serie de fotografías para reflejar la rabia, la tristeza o la indignación que sufre al ver las noticias de la crisis económica en los telediarios.

Por ello, sus cuadros, que se podrán ver hasta el 23 de septiembre, exigen al espectador un ejercicio de sensibilidad para acercarse a ellos, porque, ha dicho, el sentido del cuadro no equivale a “entender el significado de la obra”, sino a lo que transmita.