el que uno proyecta su trabajo suele coincidir con su entorno inmediato, con su propia vida cotidiana, con el ser, con lo externo
o interno que hace que cada cual sea diferente al resto, sea un único lugar o la suma de varios de ellos. El tiempo en cambio es
más abstracto, menos evidente pero más determinante, sobre todo la huella que su paso va dejando. El artista, sea cual sea el
soporte que emplea, es siempre un habitante de lugares solitarios, porque la creación exige soledad. Es en viajero que elige la
libertad y desde ella recorre paisajes mentales en los que el tiempo fluye sin detenerse. Pero no es un ser aislado del resto porque
desde su interior explora y mira buscando ideas en aquello que le rodea. Se hace preguntas sobre lo que vive o siente y
trata de que su arte sea una respuesta a su existencia y ayude a resolver interrogantes en su entorno.
Ser artista en Navarra en este comienzo del siglo XXI no es igual que serlo en otra ciudad y en otra década. El medio determina
el mundo interior en el que necesariamente debe nacer el arte. Y es en ese espacio concreto de un tiempo determinado
donde confluyen las propuestas artísticas de Javier Muro y José Miguel Corral. Los dos tienen mucho en común, aunque el resultado
de su trabajo sea totalmente diferente. Ambos han elegido el mundo del arte como su entorno natural y lo han hecho en el
mismo espacio y tiempo para indagar en la búsqueda, cada uno la suya, de una esencia que les determine. Ambos iniciaron su
camino artístico en los años 90, impulsados por el Premio Pamplona Jóvenes Artistas, un galardón que antes y todavía ahora
ha servido para descubrir grandes nombres. Los dos tienen una formación casi autodidacta y han ido consolidando su trayectoria
lentamente, presentándose a certámenes que han ido ratificando, en forma de premios, el valor de sus ideas, exponiendo
en colectivas e individuales y sobre todo creyendo en lo que hacen, trabajando, experimentando, viendo y aprendiendo de lo
que pintan o esculpen los demás, buscando elementos para su trabajo allí donde transcurre la vida cotidiana. Los dos han ganado
en las últimas ediciones el Premio Navarra de Pintura, en el caso de José Miguel Corral y el Premio Navarra de Escultura en
el de Javier Muro. Y ahora, ambos coinciden por primera vez en un mismo espacio artístico, en esta nueva sala del Centro
Cultural de Noáin que abre sus puertas con la intención de ser también un espacio cultural de su lugar y su tiempo, acompañando
al arte y a la creación y ofreciendo ese puente necesario entre el artista en solitario y su puesta en sociedad.
La exposición que ahora ofrecen Javier Muro y José Miguel corral se ha concebido como dos individuales dentro de una misma
sala pero no como dos muestras aisladas porque las pinturas y las esculturas dialogan entre sí. Muro pone la palabra y Corral
los silencios necesarios para que la conversación se mantenga. Uno crea objetos y el otro trata de evocar escenarios del recuerdo.
Para uno lo importante es el espacio y el volumen y para otro lo esencial es el tiempo.