1927) la pintura negra que cubre el rostro de Al Jolson de vino
se plantea como, desde ciertas lecturas en clave poscolonial,
paradigma del fracaso de cualquier tentativa de representación
del “otro” (en este caso racial), reducido allí a pura máscara,
mero maquillaje creador de una distancia, la propuesta
que Eduardo Sourrouille nos hace en Bombom. La causa de mi
deseo (2003) plantea casi lo contrario: el chocolate que cubre
el rostro de uno de los amantes “contamina” al del otro con su
contacto para, después, convertirse a su vez en causa de
deseo, tentación de ser chupado, comido, hecho propio. Por
ello a partir de aquí se configura un paradigma bien distinto de
esa relación de alteridad que caracterizara al film comentado,
para que más bien surja la posibilidad de un territorio en el que
las identidades se deshacen por contaminación recíproca, y la
idea misma de alteridad se desvanece.