Hubo en el chico del espray un espíritu de equilibrio al que Cánovas añadió un
cierto desajuste para que el encuadre fuera verdadero. El horizonte de la acera
–más de un tercio para los planos cortos, como a él le gusta– permite que el
asfalto, el bordillo y las baldosas no pierdan nada de su expresividad. El árbol
y las casas del fondo equilibran el paisaje. Todo lo que parece soledad en el
plano inferior, se ve acompañado por el movimiento transversal de las nubes.
En otras fotografías, nubes lenticulares o cargadas de agua, atardeceres o nieblas
ocupan la mitad de la imagen. La visión del espectador resulta muy natural
y permite la convergencia de los planos en un horizonte equilibrado que
recibe tanta información desde arriba como desde abajo. La mayoría de las
imágenes lleva detrás una matriz clásica, una línea