gritando aquello de que la pintura ha muerto no está de más demostrar con hechos el poco acierto de esta sentencia. La pintura, ese proceso mágico que hace que hoy sigamos deslumbrándonos ante las grandes obras de los maestros del pasado, sigue latiendo con fuerza en el complejo mercado del arte contemporáneo y lo hace, como no podía ser de otra manera, adaptándose a su tiempo. 

Esta exposición que ahora presenta el Ayuntamiento de Pamplona tiene un objetivo doble. Por un lado, y siguiendo en la línea ya iniciada hace unos años de apostar por el arte local (ratificada también a través de las adquisiciones de obra para la Colección de Arte Contemporáneo del Ayuntamiento de Pamplona), se ofrece el trabajo más actual de 17 artistas navarros a los que les une la misma inquietud plástica de avanzar en el terreno del arte abstracto. Y éste es su segundo propósito: ofrecer al espectador una mirada a la abstracción desde la esencia misma de este 
movimiento que, en contra de lo que la tradición pictórica navarra (ligada más a la naturaleza, 
el paisaje y la figuración) puede hacer llegar a pensar, cuenta en esta comunidad con un nutrida y variada representación. 

Al margen de localismos, no es casual que el Ayuntamiento programe esta exposición colectiva 
sobre un movimiento tan enriquecedor y complejo como la abstracción. Y no lo es porque otro de los ejes de la actual política de artes plásticas es la formación, a través de la difusión de distintas tendencias artísticas, para que el visitante pueda salir de la sala con la satisfacción de haber aprendido algo que antes no sabía. 

En estas obras que ahora presentamos están las líneas principales del movimiento abstracto. 
Desde los postulados más líricos como los de Fernando Iriarte o Florencio Alonso, que 
se acercan a la naturaleza en las obras de María Jesús Arbizu o David Laínez; la abstracción 
geométrica de Félix Ortega, Jesús Echeverría Burgoa, Belén Puyo, David Rodríguez 
Caballero; casi constructivista en el caso de Javier Balda, más próxima a la esencia 
del minimalismo en la propuesta de Jokin Manzanos o cerca de la filosofía en los cuadros 
de Koldo Sebastián. Abstracciones más personales como las de Asunción Goikoetxea 
y su juego con la luz o la de Juliantxo Irujo o pintores como Mariano Royo y Oscar Ranz que muestran claras influencias de las corrientes abstractas norteamericanas, hasta aquellos que se mueven en el límite entre la figuración y lo que ya no tiene forma, como Fernando Pagola y Alfonso Ascunce.